Cuando el poeta Juan Chávez López escribió su sublime poema “La Costurera”, de seguro pensaba en su infancia al lado de su madre quien ejercía el noble oficio de la costura, o en “La Casa del Viento» su legendario hogar en Punto Fijo, o quizás llegaban a su mente metafóricas escenas del maravilloso arte de las telas, el hilo, la aguja y los retazos; pero tal vez lo que jamás imaginó es que aquella rítmica pieza poética se convertiría en el símbolo superlativo de su obra y en el ineludible estandarte de su imagen literaria.

Juan Chávez López, con una existencia tan excelsa e inefable como la poesía misma y con una filosofía de vida sencillamente noble y espiritual es prácticamente indescriptible desde el burocrático punto de vista del género biográfico, las reseñas de sus libros nos informan que nació en Punto Fijo en el año 1943. Poeta, actor e ingeniero agrónomo, Llegó a Cojedes a finales de los setenta. Está entre los fundadores del grupo teatral “Arcilla”, del Círculo Cultural para la Música y las Bellas Artes y del Círculo de Escritores del estado Cojedes. Colaborador literario de múltiples revistas y diarios nacionales y autor de los poemarios La tristeza más alta (1995) Amor sin fin (1998) y El olor del tiempo (2005) con textos en antologías nacionales y regionales. Fue Representante del CONAC y Coordinador General del ICEC.

Sin embargo no nos comunican -tales reseñas- su incondicional amor a la familia, a los amigos y a la Literatura, no nos dicen que no podía participar en un recital de poesía sin que la audiencia exigiera escuchar su emblemático poema La Costurera, el cual recitaba con acertado lenguaje paralingüístico y Kinésico (tono de voz y gestualidad) para luego recibir sonoros y sinceros aplausos, no nos relatan que -cuando compartía con colegas y amigos- en Caracas (debido a su labor de asesor agrario en la Asamblea Nacional)  también le solicitaban, repetidas veces, escuchar tan magnifico texto e igualmente se multiplicaban las ovaciones, no nos indican que el propio Juan comentaba con paternal orgullo que ese era uno de sus poemas que le producía mayor satisfacción.

Hoy nos encontramos al Poeta en los espacios culturales y sociales que plenaba con su habitual paciencia ceremonial y con su cálida palabra, en las afables dedicatorias de los libros que nos traía de la capital y que cada viernes nos entregaba en alguna refrescante taberna apenas pisaba nuestra llanura, para acompañarnos con par de rondas y luego deslizarse hacia el abrigo familiar; pero sobre todo ha quedado infinitamente impregnado en ese magnifico homenaje a todas las Maestras hilvanadoras, diligentes remendadoras de nuestros caminos.

LA COSTURERA (Juan Chávez López)

La costurera cosió mi corazón herido

tejió la manta para mis brazos fríos

zurció la tela de mis palabras rotas.

Arregló mis sombreros, mis camisas

y los pañuelos que traje del olvido.

 

La costurera hilvanó a su cuerpo mis sentidos

adornó con flores y botones su vestido

y luego nos fuimos de paseo por la vida

remendando juntos los caminos.

Willian Ramírez

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